A TI, DIOS INCOMPRENSIBLE QUE, SIN EMBARGO, ESCUCHA LAS ORACIONES,
Conocido, pero por encima del conocimiento,

revelado, pero oculto,
mis necesidades y mi bienestar me llevan a ti,
porque jamás has dicho: «Búscame en vano».
A ti acudo con mis dificultades, mis necesidades y mis preocupaciones. Poséeme contigo mismo,
con un espíritu de gracia y súplica,
con un ánimo de oración,
con una participación en la calidez de la comunión,
para que en los asuntos comunes de la vida
mis pensamientos y mis deseos se eleven a ti,
y en la devoción diaria encuentre una fuente que
alivie mis penas, santifique mis éxitos
y me acredite para el trato con mi prójimo en todos los órdenes.
Te glorifico porque me has hecho capaz
de conocerte a ti, el autor de toda existencia,
de parecerme a ti, la perfección de toda excelencia,
de disfrutar de ti, la fuente de toda felicidad.
Ay, Dios, ayúdame en todo lo referente
a mi arduo y difícil peregrinaje;
necesito el mismo consejo,
protección y consuelo
que disfrutaba en mis comienzos.
Haz que mi religión sea más manifiesta para mi conciencia,
más perceptible para quienes me rodean.
Que mientras Jesús me represente en el Cielo,
sea yo su reflejo en la tierra,
Que mientras defienda mi causa, yo cante sus alabanzas.

Mantén tu delicada bondad para conmigo,
He sufrido tristeza, pero tú me has ayudado,

miedo, pero tú me has liberado,
desesperanza, pero tú me has animado.
Tus promesas siempre me protegen,
Y yo te alabo, oh Dios.


IMAGEN: Zac Durant en Unsplash

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