DIOS MÍO,
Tú me has ayudado a ver
que cualquier bien que haya en honrarte y regocijarse en ti,
lo bueno que es quien lo da y puede arrebatarlo;
que esa bienaventuranza no reside tanto
en recibir el bien de ti y en ti, sino
en mostrar tu gloria y tu virtud;
que es asombroso
ver la Deidad en una criatura, hablando, actuando y brillando
a través de ella, llenándola;
que solo tú eres bueno, nada más,
que estoy cerca del bien cuando estoy cerca de ti,
que es glorioso asemejarse a ti.
Ese es el imán que me atrae.

Tú eres todo mi bien en tiempos de paz,
mi único apoyo en momentos de dificultad,
mi única necesidad cuando la vida toque a su fin.
Ayúdame a ver lo buena que es tu voluntad en todo,
y aun cuando sea contraria a la mía,
enséñame a aceptarla de buen grado.
Hazme sentirte en el calor, en el alimento y en toda providencia
Y ver que tus muchos dones y criaturas
no son más que tus manos y tus dedos asiéndome.
Fuente sin fondo de todo bien,
me entrego a ti por amor,
porque todo lo que tengo o poseo es tuyo,
mis bienes, mi familia, mi iglesia, mi existencia,
para que dispongas de ellos como quieras,
para honrarte por medio de mí, y de todo lo mío.
Si es acorde a tus consejos eternos,
el propósito de tu gracia
y los grandes fines de tu gloria,
otórgame las bendiciones de tus consuelos.
De no ser así, haz que me someta a tus más sabios designios.


IMAGEN: Leonardo Corral en Unsplash

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